Revelan el impacto ambiental de la tecnología (y cómo puedes reducirlo)

Revelan el impacto ambiental de la tecnología (y cómo puedes reducirlo)

Cuando piensas en huella de carbono… ¿Qué viene a tu mente?

Probablemente tu mente materialice imágenes de automóviles, aviones, e industrias sacando humo de sus chimeneas.

O tal vez te acuerdes de nuestros posts sobre el impacto ambiental de tu dieta, o sobre cómo contamina el internet

Pero, ¿has pensado en la huella que tiene la tecnología que usas todos los días?

Honestamente, es fácil dar por sentado los lujos tecnológicos de los que disponemos. 

La mayoría de nosotros desconocemos tanto de los dispositivos que usamos, que bien podrían funcionar por arte de magia, y no haría ninguna diferencia.

Y aún así, tienen un costo.

Todos los aspectos de la computación actual, desde los teléfonos celulares hasta los electrodomésticos, tienen una etiqueta de carbono pegada.

Durante años la meta de la industria tecnológica ha sido clara: Hacer dispositivos más rápidos, más pequeños, más poderosos.

Pero pocas veces se ha hecho una pausa para analizar el daño ambiental que están generando.

Hasta ahora.

Un vistazo al impacto ambiental de la tecnología

Para entender la magnitud del daño ecológico, un equipo de investigadores llevó a cabo un estudio exhaustivo de todos los aspectos de la computación. 

Abarcaron desde la arquitectura de los chips que se usan, hasta el diseño de los centros de datos donde se almacena nuestra información.

Pero no solo eso.

También analizaron el ciclo de vida completo de varios dispositivos, para identificar en qué etapa hay una mayor cantidad de emisiones contaminantes.

Los resultados les parecieron sorprendentes.

“Se ha hecho hincapié en reducir la cantidad de energía que se usa por los dispositivos tecnológicos, pero nos dimos cuenta que también es importante pensar en las emisiones que se generan simplemente al construirlos”

Con este estudio se dieron cuenta que el mayor impacto ambiental sucede al ensamblar los electrónicos.

Pusieron como ejemplo el diseño de un chip.

Estas piezas están optimizadas en su tamaño, desempeño, y tiempo de vida. Para lograrlo, los diseñan de tal forma que únicamente una porción de su capacidad total esté siendo usada al mismo tiempo.

De hecho, si se usaran al 100%, se sobrecalentarían y rápidamente agotarían su vida útil.

Por lo tanto, darle este “colchón” ayuda a mejorar la eficacia del dispositivo pero… ¿Cuál es el costo?

A cambio de un incremento en la eficiencia, se deben utilizar más materiales y más energía para producir estos electrónicos.

 Es por eso que durante su tiempo de vida, su mayor impacto ambiental se da cuando son fabricados.

 ¿Se pudieran hacer diseños que aprovechen el 100% de los materiales usados? Probablemente sí, pero seguramente se comprometería la eficacia del chip.

El objetivo es lograr un balance, pero esto es un objetivo complejo y delicado, para el cual aún no se tiene una solución definitiva.

Se ha lanzado el reto

Darse cuenta de la problemática es solo el primer paso.

Estudios como este son excelentes para identificar a qué problemas nos enfrentamos, pero rara vez incluyen la respuesta en sus conclusiones.

Pero la meta está clara.

No es posible ignorar al medio ambiente en ningún aspecto de nuestra vida. 

Lo anterior significa que aquellos que se desenvuelven en el ámbito de la computación y la tecnología deben tomarlo en cuenta dentro de los requisitos de sus proyectos.

Esta problemática exige entonces un cambio cultural en todos los niveles de la ciencia: Desde estudiantes hasta los altos mandos. 

Algunas escuelas (como Harvard) ya se han dado cuenta de esto, y como respuesta están introduciendo programas de filosofía y ética en sus carreras de ciencias computacionales. 

De esta manera buscan enseñar a las nuevas generaciones a considerar crítica y éticamente las implicaciones sociales de su trabajo. 

Pero ellos no son los únicos que pueden participar en el cambio.

Nosotros como consumidores influimos directamente en el impacto ambiental que nuestros dispositivos tienen durante su ciclo de vida.

La próxima vez que vayas a comprar un electrónico, reflexiona si es realmente necesario, o si hay alguna forma de extender el tiempo de vida de tus dispositivos.

Vota con tu dinero, no formes parte de la obsolescencia programada, y exige tu derecho a reparar

De esta manera todos podemos ser parte de la transformación cultural que hace falta para salvar nuestro planeta.

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